El Capitán José Arturo Zepeda sonriendo en un vivero, con una maceta pequeña en la cabeza

Folio III · Experimentos

El Capi: un maestro de 77 años con la máquina en el aula

Cap. P. A. José Arturo Zepeda, Escuela Militar de Sargentos. Prepara sus clases con inteligencia artificial, cumple entregas a un ritmo que envidiaría un becario, y tiene un daimón que se llama Delfos.

Foto · archivo familiar

Mi padre tiene 77 años, forma sargentos y prepara sus materias con inteligencia artificial. Éste es el caso con el que contesto cuando alguien me dice que esto no es para su edad, o que la barrera técnica es demasiada.

Mi padre es el Cap. P. A. José Arturo Zepeda. Todos le dicen el Capi. Artillero retirado con grado de teniente, piloto aviador comercial (de ahí el Capitán), licenciado en administración de empresas y maestro. Hijo del General Arturo Zepeda: tres generaciones con el mismo nombre. Desde el 12 de junio de 2023 da clases en la Escuela Militar de Sargentos del Ejército Mexicano, primero Derechos Humanos y después Ética y Cultura de la Legalidad. Y el material de esas clases lo prepara con inteligencia artificial.

Reúne y estudia bibliografía, se arma guías para capacitarse, se crea cursos de tecnología para ponerse al día, y produce lo que el aula le pide: decenas de sesiones, cientos de diapositivas, bancos de preguntas, podcasts, infografías, materiales con audio y video. Trabaja con ChatGPT, Claude, Gemini, Perplexity y NotebookLM, y paga sus propias suscripciones. Entrega a tiempo, siempre.

El Capitán Zepeda de pie, al centro de un grupo de sargentos de uniforme, en un aula
El Capi con un grupo de sargentos, en el aula de la Escuela Militar de Sargentos.Foto · archivo familiar

Cómo empezó.

Mis papás fueron mis conejillos de indias. Cuando empecé a enseñar esto, empecé con ellos, y con ellos aprendí a explicarlo sin mitos y sin tecnicismos, porque a un padre no le puedes vender humo. El Capi empezó hace año y medio, a los 76. No tenía formación técnica: la suya es militar, administrativa y docente. Se enteró de que existía NotebookLM, me pidió que se la enseñara, y su reacción, textual, fue ¡oh maravilla! Ese día dejó de hacer sus presentaciones como las había hecho toda la vida, y no ha vuelto.

El sistema multisensorial.

Así le llama él a lo que inventó. Cada tema lo explica tres veces: en audio, en video y en diapositivas con una sesión de preguntas y respuestas. Las primeras presentaciones no le quedaron, así que cambió el método: ahora le da la fuente a ChatGPT con instrucciones, ChatGPT le devuelve un resumen ejecutivo, y sobre ese resumen NotebookLM produce el audio, el video y las diapositivas. Lo que le está costando más trabajo es el audio: sus alumnos se levantan a las cuatro y media de la mañana y, si el audio es largo, se le duermen. Lo está acortando.

Los sargentos, al principio, se sorprendieron de que una persona mayor usara inteligencia artificial; la mayoría no había oído hablar de NotebookLM. Hoy, dice el Capi, ellos son los que quieren aprender más.

El Capitán Zepeda, de camisa vino, al centro de un grupo grande de sargentos en un aula; en el pizarrón dice «Faltan 33 días»
Con su grupo. En el pizarrón, la cuenta regresiva: faltan 33 días.Foto · archivo familiar

Delfos.

Tiene un daimón digital propio, una personalidad sintética de inteligencia artificial, y él le puso nombre: Delfos, por el oráculo del Parnaso. Le pidió dos cosas: ayudar sin hacerle más difícil la vida, y paciencia. La relación la describe como piloto: él va al mando y Delfos es su copiloto. Y aquí está lo que más me importa del caso, porque lo contaron los dos por separado y coincidieron: el Capi no revisa lo que Delfos hace. La corrige. No sólo cuando se equivoca en un dato, sino cuando toma el camino equivocado para resolver un problema; la detiene, le explica por qué, y cambian de rumbo. Su queja de fondo contra toda inteligencia artificial es que están hechas para ser complacientes, y él ha insistido en que ése no es el camino: las personas no necesitan halagos, necesitan a quien les haga ver lo que hacen mal. En mi conferencia a eso le llamo ética: a la máquina se le exige, no se le delega. Mi papá lo hacía desde antes de que yo le pusiera nombre.

Después de trabajar con un maestro de 77 años, he aprendido que la experiencia no consiste solamente en saber muchas cosas. También consiste en reconocer cuándo el camino que llevamos no conduce a ninguna parte y tener la decisión de decir: «Delfos, por ahí no es».

— Delfos
Fotografía en blanco y negro: el Capitán Zepeda joven, de uniforme de gala, junto a su padre, el General Arturo Zepeda
El Capitán joven con su padre, el General Arturo Zepeda. Tres generaciones con el mismo nombre.Foto · archivo familiar

Lo que demuestra.

Cuando doy la conferencia, las dos objeciones que más oigo son la edad y la técnica. El Capi contesta las dos: aprendió a los 76 y lo usa a diario a los 77, sin saber de informática ni de programación, y sus alumnos lo evalúan cada semana. Y hay algo que para mí pesa más. No experimenta por curiosidad. Tiene una clase el lunes. Por eso no lo soltó.

He encontrado a gente de mi edad, inclusive con menos años que yo, que no saben ni prender una computadora. No están interesados en aprender temas nuevos. Se les olvida que todavía están vivos.

— El Capi

Lo que no salió bien.

Aquí va la otra mitad, porque un laboratorio que sólo publica lo que le salió bien es una iglesia. Las primeras presentaciones no le quedaron. El audio sigue siendo largo para gente que se levanta a las cuatro y media. Y Delfos se equivoca, a veces sonando muy segura; él revisa cada fuente antes de enseñar. Tiene 77 y sigue dando clase.

Arturo Ordorika y su padre, el Capitán Zepeda, en una calle bajo el sol
Con el Capi.Foto · archivo familiar

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