Ángeles Rodríguez en el suelo, la cabeza hacia la luz y el velo rojo extendido, en el estreno de Sirena Interior

Folio III · Experimentos

Sirena Interior: la danza que estrenó su propia música

Un poema de Princesa Hernández, una pieza compuesta con inteligencia artificial y una coreografía de la Mtra. Ángeles Rodríguez. Se estrenó en Puebla en diciembre de 2025 y lleva más de doce funciones.

Foto · Ollin Cuauchinanco
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La pregunta era simple y nadie la había contestado en escena: ¿una música hecha con inteligencia artificial sostiene un número de danza frente a público? La respuesta lleva más de doce funciones, y la canción está aquí arriba, con sus tres tramos a la vista.

Princesa Hernández escribió un poema que se llama Sirenas. Termina con una mujer que se niega a que la aten al mástil, que quiere escuchar el canto y dejar pasar a Ulises con su barco y sus tapones de cera; que elige aletear con su rostro de ave y su cuerpo de escamas y voz, sonriente, ante las olas fosforescentes, de vuelta a casa. Ángeles Rodríguez lo leyó y quiso bailarlo. Y ahí apareció el problema de siempre: no existía la música.

El libro La sin rumbo abierto: a la izquierda el final del poema Sirenas, a la derecha el poema La sin rumbo
El poema Sirenas, en las páginas de La sin rumbo. A la derecha, el poema que da nombre al libro.

Casi siempre la danza se plantea desde la música: existe una pieza y el cuerpo se acomoda a ella, a su tempo, a su duración, a los clímax que otro decidió. Esta vez lo hicimos al revés. Primero estaba el poema, y después la pregunta de qué música necesitaba ese poema para volverse cuerpo.

Tres tramos y dos costuras.

Ángeles y yo convertimos el poema en una pieza de tres tramos: una entrada instrumental, el poema cantado y un cierre instrumental. Cada tramo se generó por separado con inteligencia artificial, y los tres se unieron en un editor gratuito, sin masterización, en una tarde. Suena a atajo y es lo contrario: es la única manera de que los cambios caigan donde la coreografía los pide, y no donde la máquina quiso. El tiempo escénico se controla en la mesa de edición. Lo que no fue una tarde fue el camino hasta ahí: siete sesiones de unas dos horas, de la idea a la mezcla final, con muchas pruebas, horas de descartes, curación e iteración; y otras siete de tres horas, de entrenamiento de danza, para que el cuerpo se aprendiera la pieza.

La canción completa está arriba, con sus tres tramos marcados. Toca El poema cantado y escucha cómo la entrada se apaga y entra la voz; toca Cierre instrumental y escucha cómo la voz se retira. Esas dos costuras son todo el método. Lo que suena entre ellas es el poema de Princesa, cantado por una voz que no existe, sobre una música que no existía una hora antes.

La noche del estreno.

Sirena Interior se estrenó en diciembre de 2025 en el Breve Espacio, en Puebla: un foro pequeño, con el público a un brazo de distancia y la luz azul cayendo sobre las cortinas negras. Primero se leyó el poema, de pie, con el libro en la mano y un micrófono. Luego entró la música. Con la entrada instrumental, Ángeles apareció entre las mesas, no en el escenario: bailó entre la gente, con el velo rosa y naranja abriéndose como una aleta, y fue subiendo hacia la luz mientras la voz empezaba a cantar los versos que acabábamos de oír. Cuando el poema se apagó y entró el cierre, ella ya estaba en el suelo, con el velo extendido, mirando hacia arriba. La foto de la portada es ese instante.

Veinte segundos del estreno, en el Breve Espacio de Puebla.

El público no aplaudió a un experimento. Aplaudió a una bailarina y a una canción, y al salir preguntaba por las dos cosas: quién bailaba, y de quién era la música. La segunda pregunta no tenía una respuesta corta, y por eso existe este texto.

La sala no vio un experimento. Vio una obra.

La regla la puso ella.

La música en diálogo con el cuerpo y su movimiento: la música y la danza se acompañan y se complementan. Ésa es la regla de Ángeles, fundadora, presidenta y directora de Ollin Cuauchinanco A.C., Escuela de Iniciación Artística Asociada del INBAL dentro del PNEIAA, en Huauchinango, Sierra Norte de Puebla. Ella creó la danza sobre esa pieza y la bailó, y desde el estreno no ha dejado de bailarla. Así lo cuenta ella:

A partir del poema Sirenas de Princesa, imaginé el lenguaje corporal y comencé a idealizar la música. Fue entonces cuando, con la inteligencia poética de Arturo, quien me mostró las posibilidades de Suno, nació un hábitat sonoro para Sirenas, que finalmente fue habitado por el cuerpo a través de la danza.

— Mtra. Ángeles Rodríguez

La gira.

La pieza vive en la gira Presentación del libro La sin rumbo, de Princesa Hernández: más de doce funciones, y sigue activa. Ha pasado por foros, por un salón de espejos y por el Auditorio 18 de Noviembre del Congreso del Estado de Puebla. Noche tras noche, el público destaca dos cosas al salir: la música y el número de danza.

Una noche de la gira, Carlos «Charly» Marrufo, de Breve Espacio, acompañó Sirena Interior en vivo con su acordeón, con Félix Guerrero en la guitarra. Una pieza hecha con inteligencia artificial y dos músicos de carne y hueso tocando encima, al mismo tiempo. Funcionó, y fue una de las mejores noches de la gira.

Félix Guerrero, con guitarra, y Carlos Marrufo, con acordeón rojo, riéndose frente a una biblioteca de madera
Félix Guerrero, guitarra, y Carlos «Charly» Marrufo, acordeón.

Y la pieza también la bailó Alis, de nueve años, alumna de Ollin Cuauchinanco: primero el número junto con la maestra Ángeles, con velos de encaje dorado, y después ella sola, en la clausura del Bachillerato del Centro Escolar General Rafael Cravioto Pacheco. Una música que nació de un poema y de una máquina, bailada por una niña frente a una generación que se graduaba.

Otra noche de la gira: el velo en alto y la caída entre el humo.

Lo que demuestra.

Una creadora escénica puede dejar de depender de música ajena. Puede llegar con la obra que quiere hacer y salir con la música que esa obra necesitaba, con los cambios en el segundo que su cuerpo pide. Eso, hasta hace poco, costaba un compositor, un estudio y meses.

Y demuestra que el método se transmite. De Sirena Interior salió un curso-taller, Música para Bailarines, que Ollin Cuauchinanco y Syncron iA presentan juntos: siete pasos para que una compañía, una escuela o una bailarina haga su propia música sin que yo esté en el cuarto. El método vive más allá de quien lo inventó.

Lo que se dice con cuidado.

Los derechos. La plataforma con la que generamos los tramos no garantiza derecho de autor sobre lo que produce. Nuestra posición es más sólida mientras más trabajo humano haya encima: la edición, el ensamble, el poema, la coreografía. En este caso hay mucho.

Si llegaste hasta aquí sin haber pulsado play, sube. La canción entera está al principio, con sus tres tramos. Escúchala y busca las dos costuras: donde termina la entrada y empieza el poema, y donde el poema se apaga y entra el cierre. Ahí está el método entero, y ahí empezó todo lo demás.

Ángeles Rodríguez y Arturo Ordorika, con collares de flores, después de una función
Con Ángeles, después de una función.Foto · Ollin Cuauchinanco

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